trastornos sexuales
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Trastornos sexuales más comunes

Trastornos sexuales más comunes

Para conocer un poco más sobre el tratamiento terapéutico que es de mayor beneficio ante trastornos sexuales, recorreremos cada uno.

¿Qué es un trastorno sexual?

Un trastorno sexual es un problema que se provoca tanto en hombres como en mujeres y que tiene que ver con una dificultad asociada a la actividad sexual, el cual tiene un origen psicológico.

Puede afectar el deseo como el funcionamiento del órgano sexual en sí, por lo que la terapia psicológica puede resultar muy eficaz en algunos trastornos.

Muchos de ellos pueden ser síntomas o causas de problemas mayores como ansiedad, estrés o depresión.

Sin embargo, recuerda que existe una variedad muy amplia dentro de la gama de los mismos por lo que en este espacio no nos dará tiempo de recorrer todos y solo mencionaré los más frecuentes.

También factores como el contexto, los pensamientos y las diversas personalidades, influyen completamente en el impacto de cualquier tratamiento.

Trastorno de deseo sexual hipoactivo

Consiste en fantasías o pensamientos sexuales o eróticos y deseo de actividad sexual reducidos o ausentes de forma constante o recurrente y los síntomas han persistido durante unos seis meses como mínimo.

Adicional, provocan un malestar clínicamente significativo en la mujer y la disfunción sexual no se explica mejor por un trastorno mental no sexual o como consecuencia de una alteración grave de la relación u otros factores estresantes significativos, y no se puede atribuir a los efectos de una sustancia/medicamento o a otra afección médica.

Existe un tratamiento denominado “entrenamiento en consistencia del orgasmo” que parte de la terapia cognitivo-conductual y tiene como objetivo incrementar la satisfacción sexual, la intimidad y el conocimiento mediante la ampliación del repertorio de técnicas y habilidades sexuales de la pareja.

El tratamiento consta de 10 sesiones semanales de dos horas cada una. Secuencialmente, el tratamiento utiliza el entrenamiento en masturbación directa de la mujer, ejercicios de focalización sensorial, técnicas para incrementar el control voluntario del hombre y la técnica de apuntalamiento durante el coito.

Adicional, en cuestión del formato, los resultados demuestran ser mejores cuando el tratamiento se aplica en parejas, que de manera individual.

Trastorno de la excitación sexual

Se refiere a la ausencia o reducción significativa del interés/excitación sexual femenina, que se manifiesta por lo menos por una de las tres siguientes:

  • Interés ausente o reducido en la actividad sexual.
  • Fantasías o pensamientos sexuales o eróticos ausentes o reducidos.
  • Inicio reducido o ausente de la actividad sexual y habitualmente no receptiva a los intentos de la pareja por iniciarla.
  • Excitación o placer sexual ausente o reducido durante la actividad sexual en casi todas o todas las ocasiones (aproximadamente 75–100 %).
  • Excitación o placer sexual ausente o reducido en respuesta a cualquier invitación sexual o erótica.
  • Sensaciones genitales o no genitales ausentes o reducidas durante la actividad sexual en casi todas o todas las ocasiones.

¿Qué ocurre con esto?

Adicional, los síntomas han persistido durante unos seis meses como mínimo.

También provocan un malestar clínicamente significativo en la mujer y la disfunción sexual no se explica mejor por un trastorno mental no sexual o como consecuencia de una alteración grave de la relación u otros factores estresantes significativos, y no se puede atribuir a los efectos de una sustancia/medicamento o a otra afección médica.

Como tal, no hay ninguna técnica específica que sirva como tratamientos psicológicos o médicos para esta disfunción.

Sin embargo, existen estudios que corroboran que aumentar el nivel de activación general (mediante exposición a situaciones de peligro), en combinación con un falso feedback, producía un incremento en la excitación sexual medida tanto con índices fisiológicos como subjetivos.

Pero no está claro cómo puede conseguirse este incremento en la activación general por procedimientos aceptables en las interacciones sexuales en la vida cotidiana.

Trastorno orgásmico

Por lo menos se tiene que experimentar uno de los síntomas siguientes en casi todas o todas las ocasiones:

  • Retraso marcado, infrecuencia marcada o ausencia de orgasmo.
  • Reducción marcada de la intensidad de las sensaciones orgásmicas.

Adicional, los síntomas han persistido durante unos seis meses como mínimo.

Estos provocan un malestar clínicamente significativo en la mujer y la disfunción sexual no se explica mejor por un trastorno mental no sexual o como consecuencia de una alteración grave de la relación u otros factores estresantes significativos.

No se puede atribuir a los efectos de una sustancia/medicamento o a otra afección médica.

Diversos estudios para este trastorno, han constatado la eficacia del entrenamiento guiado en masturbación en mujeres con trastorno orgásmico primario, ya sea en sesiones individuales, en parejas, grupos o incluso auto aplicado con ayuda de vídeos y material escrito.

El valor de la autoestimulación

Con frecuencia, estos programas suelen incluir entrenamiento del músculo pubocoxígeo con técnicas de autoestimulación a veces complementadas con el uso de vibradores.

No obstante, los estudios de seguimiento parecen indicar que, al contrario de lo que sucede en la mayor parte de las disfunciones, la capacidad de la mujer para alcanzar el orgasmo en los encuentros con la pareja y en el coito se incrementa con el tiempo, en lugar de disminuir.

Por su parte, el tratamiento del vaginismo suele implicar una combinación de desensibilización sistemática (u otras técnicas de exposición), entrenamiento del músculo pubocoxígeo e inserción de dilatadores vaginales de un tamaño creciente (por la mujer o/y por la pareja).

El tratamiento suele obtener buenos resultados, señalando éxitos en algunos casos de hasta el 100%.

La pareja, el gran apoyo

La implicación de la pareja parece ser determinante en la eficacia del tratamiento. Contar con la ayuda, apoyo y confianza de tu pareja para poder avanzar en el tratamiento puede ser de mucha ayuda.

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Genoveva Rodríguez
Fiel creyente de la frase de Alejandro Jodorowsky: “Saber vivir es hacer lo mejor que podemos con lo que tenemos en el momento en que estamos.” Soy psicóloga clínica y organizacional, egresada de la Universidad Panamericana y busco el poder brindarte las herramientas y acompañarte en el camino de lo que estés viviendo.

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