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Ansiedad

Ansiedad en Mujeres: El malestar oculto y creciente, la ansiedad

Son pocos los momentos en los cuales nos detenemos a pensar si existe alguna diferencia real entre la manifestación de algunos trastornos y sus síntomas, dependiendo de si somos hombres o mujeres.

La realidad es que sí existe y es tan detallada que incluso estudios demuestran que en edad reproductiva, las mujeres somos más vulnerables a desarrollar trastornos de ansiedad (entre 2 a 3 veces más) y tan solo, estadísticas arrojan en cuanto a porcentajes, que el 17.5% de nosotras las mujeres frente a un 9.5% de los hombres, habremos sufrido algún trastorno de ansiedad a lo largo de nuestra vida.

Factores psicosociales y socioculturales como lo son por ejemplo: el tipo de afrontamiento, rol sexual, nivel educativo, estado civil, adversidades durante la infancia y normas culturales, entre otros, combinados con la predisposición genética, los rasgos de personalidad, las hormonas sexuales y los sistemas de neurotransmisión, juegan un papel importante en la manifestación de los trastornos afectivos dependiendo del género.

En lo particular, el trastorno por ansiedad generalizada se caracteriza por una ansiedad y preocupación excesiva, siendo más los días en que está presente que ausente en menor o igual medida a 6 meses, en relación con ciertas actividades o episodios.

Si conceptualizamos la ansiedad como un estado negativo con tres componentes, el fisiológico, afectivo y cognitivo, nos vamos a dar cuenta que el fisiológico se relaciona con el estado de hipervigilancia, el afectivo con el miedo y el cognitivo con la indefensión o vulnerabilidad. Y de igual forma, de esta se derivan otros trastornos como lo pueden ser el trastorno de ansiedad por consumo de sustancias, el trastorno de ansiedad por estrés agudo y el trastorno obsesivo – compulsivo etc… Incluso, algunos estudios epidemiológicos han corroborado que el trastorno de ansiedad por sí mismo, suele iniciar para los hombres entre los 15 y 24 años de edad, mientras que para mujeres se inicia un poco más tarde, entre 35 y 44 años de edad (Eaton et al., 1994).

Manifestaciones clínicas de los trastornos de ansiedad, sugieren que existe una diferenciación sexual respecto a la sintomatología entre hombres y mujeres, mientras que las mujeres experimentamos en mayor medida síntomas respiratorios, los hombres experimentan síntomas gastrointestinales, acompañados de sudoración intensa (Leskin y Sheikh, 2004).

Lo anterior da pie a resaltar el que hay un impacto también en la ciclicidad menstrual, por dar un ejemplo del impacto de una irregularidad de las tantas que se manifiestan en el ciclo menstrual, existen hormonas que pueden contribuir a que experimentemos en nuestro periodo, ataques de pánico. Sin embargo, no todas las hormonas son malas, cabe destacar que la progesterona (la cual también participa en nuestro periodo), tiene efectos ansiolíticos iguales los de medicamentos como lo son el Valium o el Xanax.

Es por eso que no es de sorprenderse que principalmente, las mujeres del siglo pasado, eran consideradas “menos ansiosas”, debido a que la mayoría del tiempo pasaban su vida embarazadas, liberando progesterona en grandes cantidades y por ende a nivel neurológico, activando el receptor GABA – A (elemento clave para reducir la respuesta de ansiedad en el cerebro). Sin embargo, esto demuestra como ha ido evolucionando la mujer y esto no quiere decir que las mujeres actuales no querramos embarazarnos, sino que factores importantes como lo son: el trabajo, la familia, el nivel socioeconómico, la salud en general etc… juegan un papel importante para tomar la decisión de decidir en que momento queremos experimentar la maternidad, probablemente asumiendo el riesgo de que vivamos episodios de “mayor ansiedad”.

Continuando un poco con el tema neurológico, es importante hablar también de estructuras anatómicas y no solamente quedarnos con la parte neurofisiológica de las hormonas. Hay que recordar que estructuras como la amígdala y el hipocampo, participan en el proceso de la experiencia de las emociones y por ende forman parte importante de la respuesta de nuestro cerebro ante el estrés. Estudios demuestran que la amígdala es mayor en los hombres que en las mujeres, mientras que el hipocampo es mayor en las mujeres que en los hombres.

Esto quiere decir que las mujeres somos más propensas a recordar vivamente los detalles de algún acontecimiento que nos dejo una huella (o simplemente nos estresó). Y por otro lado, los hombres únicamente generan recuerdos globales de sus experiencias.

Dicho lo anterior, es importante destacar algunas de las diferencias adicionales que existen en los trastornos que de alguna u otra manera vienen cargados de ansiedad (en mayor o menor medida). Las fobias por ejemplo, son descritas como un miedo excesivo ante un objeto o situación en específico. Por mencionar algunos porcentajes, las fobias a diversos animales, en mujeres tienen una prevalencia del 11%, mientras que en los hombres es de 5% y la fobia social cuenta con una prevalencia del 16% en mujeres y un 11% en los hombres) (Altemus y Epstein, 2008; Angst, 1997; Kessler et al., 1994).

Aunque existen estas diferencias en cuanto a porcentajes de prevalencia, todavía no existen estudios específicos que detallen el porque de los mismos. Lo único que se concluye es que la experiencia de cada fobia, suele ser distinta no solamente si se es mujer u hombre, sino en el caso de las mujeres, en la etapa de la vida que se encuentra (premenstrual, embarazo etc…) y en los hombres el mayor peso se concentra en la edad.

Hablando un poco más específico del Trastorno de Estrés Postraumático, el cual se caracteriza por ser una consecuencia de la exposición a un evento traumático, psicológico o físico, que provoca un estrés agudo o crónico. Esto también trae como consecuencia, volver a vivir el trauma por parte del paciente, a través de sueños o flashbacks, hipervigilancia y evitación de pensamientos o estímulos que puedan revivir el mismo.

En cuestiones de género, las mujeres pueden manifestar este trastorno con mayor frecuencia en un 10%, mientras que los hombres únicamente lo manifiestan en un 5% (Altemus y Epstein, 2008; Kessler et al., 1995; Olff et al., 2007). Es importante resaltar que las explicaciones sobre esta diferencia en cuanto a porcentaje, son argumentadas respecto a que aunque lo hombres son quienes en su mayoría se exponen a eventos traumáticos, como lo son accidentes, combates de guerra o desastres que involucren fuego (explosiones por ejemplo). Las mujeres no solemos exponernos ante tantos eventos, sino en su mayoría giran en torno a algún tipo de abuso (principalmente sexual).

A manera de conclusión, creo que es importante resaltar que si bien existe información contundente sobre cómo es la experiencia de la ansiedad generalizada en hombres y mujeres, falta mucho por investigar en este campo. No debemos conformarnos únicamente con saber que estructuras cerebrales u hormonas le dan la explicación a nuestro cuerpo en cuanto a la “sintomatología ansiosa”, sino que valdría la pena profundizar sobre este malestar oculto y creciente para que desde una perspectiva psicoterapéutica puedan haber más abordajes de todas las corriente psicológicas para atenderla.

Como mujer, considero de gran importancia el informar a otras mujeres colegas sobre estas investigaciones, pero de nada sirve que brindemos una atención a nuestros pacientes (sean hombre o mujeres), si no nos informamos bien y con empatía les ayudamos a entender que es lo que están experimentando. Evitemos que el malestar oculto y creciente se expanda. Para saber más sobre ansiedad, te recomiendo nuestra guía de ansiedad  y nuestra guía de estrategias para la ansiedad .

Referencias

  • Angst J. (1997). Epidemiology of social phobia. European Neuropsychopharmacology, 7, S84-S85.
  • Altemus, M. y Epstein, L. (2008). Sex differences in anxiety disorders. En J.B. Becker, K.J. Berkley, N. Geary, E. Hampson, J.P. Herman y E.A. Young. Sex differences in the brain, (pp. 397-404) Oxford University Press.
    Eaton, W., Kessler, R.C., Wittchen, H.U. y Magee, W.J. (1994). Panic and panic disorder in the United States. American Journal of Psychiatry, 151, 413-420.
  • Kessler, R., Sonnega, A., Bromet, E., Hughes, M. y Nelson, C. (1995). Post-traumatic stress disorder in the National Comorbidly Survey. Archives of General Psychiatry, 52, 1048-1060.
  • Kessler, R.C., McGonagle, K.A., Zhao, S., Nelson, C., Hughes, M.,Eshleman, S., Wittchen, H.U. y Kendler, K.S. (1994). Lifetime and 12 month prevalence of DSM-III-R psychiatric disorders in the United States: results from the national comorbidity survey. Archives of General Psychiatry, 51, 8-19.
  • Leskin, G.A. y Sheikh, J.I. (2004). Gender differences in panic disorder, Psychiatric Times, 21, 1-6.
    Olff, M., Langeland, W., Draijer, N. y Gersons, B.P. (2007). Gender differences in posttraumatic stress disorder. Psychological Bulletin, 133, 183-204.
Genoveva Rodríguez
Fiel creyente de la frase de Alejandro Jodorowsky: “Saber vivir es hacer lo mejor que podemos con lo que tenemos en el momento en que estamos.” Soy psicóloga clínica y organizacional, egresada de la Universidad Panamericana y busco el poder brindarte las herramientas y acompañarte en el camino de lo que estés viviendo.

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