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Celotipia: Poseer y no amar

¿Cuántas veces no hemos escuchado historias de terror relacionadas con los celos? ¿A cuántas personas no hemos tenido que dejar de ver, porque las encierran o las limitan? Y peor aún ¿cuántas veces no hemos formado parte de esa película de agresión e inseguridad?

Los celos constituyen un sentimiento o una emoción persistente, que surge como consecuencia de un exagerado afán de poseer algo de forma exclusiva (eres de mi propiedad) y cuya base es la infidelidad -real o imaginaria- de la persona amada (Echeburúa, 2001).

Abordaje general sobre la celotipia

Es normal en cualquier relación experimentar una sintomatología relacionada al celo, siempre y cuando no caiga en lo patológico.

Todos hemos estado en una situación donde el miedo de probablemente perder al otro este latente, pero eso mismo muchas veces nos impulsa a querer dar lo mejor de nosotros mismos para contribuir positivamente a nuestra relación, a crecer con el otro, pero cuando eso se convierte en esta obsesión de no soltar al otro, de no dejarlo vivir, de querer una atención exclusiva por ideas que creamos en nuestra cabeza, eso ya se califica como patológico.

En los celos patológicos hay tres características principales:

  1. la ausencia de una causa real desencadenante,
  2. la extraña naturaleza de las sospechas
  3. la reacción irracional del sujeto afectado, con una pérdida de control (Echeburúa, 2001).

En definitiva, lo que confiere un carácter patológico a los celos es la intensidad desproporcionada de los mismos, el sufrimiento experimentado por el sujeto y el grado de interferencia grave en la vida cotidiana. Dicho lo anterior, es importante destacar que estas características logran definir por completo lo que es una “personalidad celosa”.

La personalidad celosa adicional, está comprobado que viene configurada por una vulnerabilidad psicológica.

¿A qué le llamamos vulnerabilidad psicológica? A la sensación en cualquier relación de pareja, de tener que vivir con un cierto grado de incertidumbre, donde existe la probabilidad de la posible pérdida o el abandono del otro.

Es decir, es vivir obligados a tener que satisfacer una necesidad de control de la persona amada y una necesidad adicional de certeza unida a la anterior, misma en la cual constantemente se esté reafirmando el valor que tiene el otro y el que se le ama para que no experimente ansiedad debido al grade de incertidumbre que ya tiene.

Adicional, un factor adicional e importante a considerar, es la historia de aprendizaje de la persona que está manifestando la personalidad celosa.

Se tiene que evaluar el tipo de vínculo y de apego que estableció con sus padres, ya que diversos estudios sugieren que es más probable manifestarla cuando se tuvieron carencias afectivas tempranas.

Refiriéndose al apego ansioso, Rutter (1990) en su libro “La deprivación materna”, afirma que éste es mayor cuando las relaciones previas con el objeto apegado son perturbadoras e insatisfactorias. Por ejemplo, la repulsión y los rechazos maternos hacen incrementar y no disminuir la conducta de apego y la ansiedad tras una separación es mayor si la relación precedente es negativa.

Por consiguiente, otro autor importante como lo es Bowlby (1989), considera que una base segura en la niñez, entendida como la presencia y accesibilidad de figuras adultas, es condición básica para la autoestima y autoconfianza.

Por otra parte, Schaeffer (1998) considera y expone en sus escritos que las personas con personalidad celosa, tratan de cubrir con su dependencia necesidades insatisfechas durante su infancia.

Estudios adicionales, sugieren las mismas conclusiones sobre las experiencias vitales tempranas de las personas autodestructivas, como lo son Williams y Schill (1993), ellos informaron que la crianza de dichas personas fue descrita por ella mismas como ambivalente, fría y rechazante aseverando que el ambiente de su niñez fue errático y frustrante.

Se puede entender de todos los hallazgos antes mencionados, que la mayoría de las personalidades celosas están antecedidas por un tipo de apego inseguro – ansioso en su infancia y esto trae como consecuencia el que en la adultez verbalicen un sentimiento de no haber recibido suficiente atención, de no haberse sentido queridos encontrando también un cierto sentimiento de abandono.

Con frecuencia, también nos podemos topar con ciertos relatos donde hubo favoritismo de los padres por algún otro miembro en la familia y se desplazó a la persona con personalidad celosa, lo que trae como consecuencia, una historia de pareja inestable y con violencia de género.

El efecto de la terapia cognitivo conductual sobre la celotipia

El objetivo principal de la terapia cognitivo conductual, es bien sabido que está centrado en modificar el comportamiento del paciente, desde una comprensión emocional integral. Sin embargo, cuando está enfocada a modificar conductas poco funcionales de celotipia, se utiliza principalmente para debatir y cuestionar los pensamientos que pudiera estar generando el paciente en relación al posible engaño.

En lo particular existen dos técnicas dentro de esta rama terapéutica, mismas que garantizan tener una efectividad, son la técnica de exposición y la técnica de prevención de respuesta (Cobb y Marks, 1979).

La primera consiste como bien lo dice su nombre, en que el paciente se enfrente gradualmente o se exponga a las situaciones que le generan miedo o ansiedad, incluso si estas son producto de su imaginación o en vivo. Esto traerá como consecuencia que a largo plazo el paciente, debido a que revivió con una intensidad mayor las emociones desagradables relacionadas a los celos, pierdan su capacidad evocadora y por ende terminen con la sensación de la celopatía. Más adelante, se buscará la evitación de conductas rituales de comprobación por parte del paciente (como cuestionamientos o chequeos a la pareja), por medio de la técnica prevención de respuesta (Caballo, 1998).

Adicional, es importante resaltar que también técnicas como la reestructuración de las cogniciones, es algo de gran utilidad, ya que también ayuda a comprender al paciente cuales son los sesgos que se producen al momento de estar procesando la información en relación al origen del celo (Deffenbacher, 1998).

Es el paciente el que termina por tomar conciencia de la irracionalidad de sus creencias centrales y pensamientos secundarios para aprender estrategias que le ayuden a eliminarlos y sustituirlos por otros más adaptativos. Esto al final, le generará una tranquilidad mayor, ya que, en lugar de estar canalizando su energía en controlar y poseer al otro, estará brindándose a sí mismo un mayor control sobre sus comportamientos y emociones. De tal manera que cuando vuelva a tener el impulso del celo, el procesamiento del mismo será completamente diferente.

Es fundamental, al aplicar cualquiera de las técnicas antes mencionadas, lograr que el paciente haga consciente que muchos de los pensamientos generados en relación al celo son de carácter automático y por ende no muchas veces son involuntarios o no tiene conocimiento de cuál es el origen.

Una vez identificado esto, se le debe explicar que estas ideas o imágenes que genera en su cabeza, muchas veces cuando uno se detiene a analizarlas de forma racional, se basan en una lógica errónea, lo que conlleva a que por ende las interprete de mala manera y eso es lo que le genere un malestar, ansiedad y enojo constante (Beck, 1989).

Asimismo, al momento de estar haciendo ese análisis racional, también pudiera ser de gran ayuda el colocar los pensamientos automáticos del paciente como unas probables hipótesis y no como afirmaciones o conclusiones como tal.

De esta forma, se provoca en el paciente una curiosidad, esta actitud de duda, lo que al momento de que realice la exploración de la validez de sus creencias, por medio de evidencia y hechos comprobables, le ayudará a darse cuenta que entre estas afirmaciones hay unas que soportan y otras no tanto sus pensamientos por lo que terminará catalogándolos como erróneos y por ende le ayudarán a reducir la ansiedad.

Reflexión

Por último, y a modo de reflexión, no debe descartarse el debate socrático como una técnica estratégica. Importantes preguntas como lo son: ¿Existe manera de comprobar la infidelidad? O ¿Qué harías en dado caso que pudieras garantizar que realmente te está engañando? Son preguntas que se le pueden hacer al paciente para que el mismo pueda ver que no siempre contará con la información suficiente para argumentar sus pensamientos automáticos y aunque la tenga, ponerlos en manifiesto o realmente llevar a cabo lo que se le ocurra, no será tan fácil soportarlo con su evidencia o pensamientos generados, debido a que son es, productos y pensamientos que solamente viven en su cabeza.

Conclusión

Me gustaría mencionar que todo trabajo individual tiene un enfoque de mayor impacto cuando se hace de manera sistémica. En este caso, el sistema caería sobre la pareja, por lo que sería altamente recomendable que después de utilizar varias de las técnicas cognitivo conductuales con un paciente, se utilicen también sobre la pareja, de tal manera que ya la atención brindada se centre en ambas figuras después de un tiempo. No se deben perder los objetivos de la terapia de pareja, los cuales son: aumentar la interacción positiva mutua, disminuir los intercambios negativos y proporcionar a la pareja estrategias para solucionar los futuros problemas que pudieran afrontar en la relación.

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Referencias

  • Beck, A.T. (1989) Cognitive therapy and research: a 25 year retrospective. Presented at World Congress of Cognitive Theraphy. Oxford.
  • Bowlby J. (1989). Una base segura: aplicaciones clínicas de una teoría del apego. Buenos Aires: Paidós.
  • Caballo, V.E. (1998). Manual de técnicas de terapia y modificación de la conducta. Madrid: Siglo XXI.
  • Cobb J.P. y Marks I.M. (1979). Morbid jealousy featuring as Obsessive – Compulsive Neurosis: Treatment by Behavioral psychotheraphy. The British Journal of Psychiatry: the journal of mental sciencie, 134, 301- 305.
  • Deffenbacher, J.L. (1998). La inoculación del estrés. Reestructuración cognitiva. En Caballo, M. (Comp.) Manual de Técnicas de Terapia y Modificación de Conducta. Madrid: Siglo XXI.
  • Echeburúa, E. y Fernández-Montalvo J. (2001). Celos en la pareja: una emoción destructiva. Barcelona: Ariel.
  • Rutter, M. (1990). La deprivación materna. Madrid: Morata.
  • Schaeffer, B. (1998). ¿Es amor o es adicción?. Barcelona: Apóstrofe
  • Williams, D. y Schill T. (1993). Attachment histories for people with characteristics of self-defeating personality. Psychol Rep.
Genoveva Rodríguez
Fiel creyente de la frase de Alejandro Jodorowsky: “Saber vivir es hacer lo mejor que podemos con lo que tenemos en el momento en que estamos.” Soy psicóloga clínica y organizacional, egresada de la Universidad Panamericana y busco el poder brindarte las herramientas y acompañarte en el camino de lo que estés viviendo.

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