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Relaciones tóxicas: aprende cómo superarlas

Para comenzar a hablar de las relaciones tóxicas les voy a hablar como humana, por lo tanto hay sesgos de todo tipo, tales como biopsicosocioculturales, geográficos y espacio temporales.

Son sólo ideas mías y de otras personas, que buscan la reflexión y una transformación positiva en todo sentido respecto a este tema en cuestión.

Quiero enmarcar el tema de las relaciones tóxicas diciendo que todos tenemos en alguna medida, o hemos tenido, algún grado de relación tóxica.

Esto porque desde que se instaló el patriarcado, alrededor del año 1250 a. C. (1), llegando a Sudamérica más tarde con la colonización, es que se considera como inferior a la mujer, a lo femenino.

Desprecio de lo femenino

Si consideramos que todos los seres humanos, independiente del género, tenemos internamente un lado femenino y otro masculino, siguiendo la lógica patriarcal en que se desprecia lo femenino para creer que lo masculino es superior, diríamos que todos tenemos en nuestra vida (presente o pasada) y/o en nuestro linaje, una dinámica de dominación y sumisión, una jerarquización de lo masculino por sobre lo femenino, con todo lo que esto acarrea.

El reconocimiento de esto, ha traído mucha rabia especialmente para las feministas, quienes buscan acabar con el patriarcado y la denigración de lo femenino.

Desde lo tradicional a lo moderno

Muy ligado a lo anterior, quiero ahora referirme a lo que mencionan Casilda Rodrigáñez y Ana Cachafeiro (2007):

“La lucha contra la inferioridad social de la mujer ha tomado desgraciadamente un camino nefasto. Es necesaria la lucha por la igualdad para abolir las diferencia jerárquicas, y acabar para siempre con el status de inferioridad social de la mujer con respecto al hombre. Pero esta igualdad no puede ser una abolición de las diferencias sexuales (…) Aprovechando la exigencia, por parte de las mujeres, de la igualdad y de un trato social no discriminatorio, se hace creer que para salir de esa discriminación hay que suponer que los sexos son iguales, como si la discriminación estuviese inexorablemente vinculada a la diferencia. Como si para eliminar un tipo de diferencia, la jerárquica, hubiese que eliminar las diferencias de las funciones sexuales (…) como bien dice Murray Bookchin diversidad y diferencia no quiere decir jerarquía. Precisamente en lo que somos distintos/as, en lo único que somos distintos los hombres y las mujeres, es en el sexo y en las funciones sexuales adultas. Y la no discriminación social y la no jerarquización requiere precisamente tener muy en cuenta esas diferencias. No tenerlas en cuenta (¡no tener en cuenta la maternidad!) es lo que ha permitido organizar y producir la inferioridad social de la mujer (…) Por eso, Luisa Muraro se ve obligada a precisar: “no me refiero al feminismo de las reivindicaciones de igualdad ni al de la rivalidad con el hombre”: ambas son formas de emancipación en las que el hombre sigue siendo el patrón de medida de la mujer”. (pp. 219- 221).

La complejidad del párrafo anterior es el sustento de lo que afirma Marcela Lagarde (2001), que estamos en transición, desde lo tradicional a lo moderno, en nuestras relaciones amorosas.

Dinámica en las relaciones tóxicas

De ahora en adelante trataré de describir cómo se da la dinámica según si eres hombre o mujer.

No me referiré a otras preferencias o condiciones sexuales para no complejizar más el análisis (da para otro escrito).

Hoy en día, especialmente para los nacidos entre 1970 y 1990, nos encontramos en el dilema sobre qué es lo que espera la sociedad de nosotros.

Asimismo, saber que qué es lo que significa ser hombre y ser mujer en la sociedad y en una relación.

Actualmente, a la mujer se le juzga cómo se ve y cómo se viste, porque el mandato social es “ser atractiva”.

Analicemos este experimento

Se les pidió a dos lectores de noticias que usaran cierta ropa mientras salían al aire. Al hombre se le pasaron sólo poleras negras y el mismo traje, mientras que a la mujer se le fue variando el atuendo.

Las redes sociales explotaron en críticas hacia la vestimenta de la mujer, no así a la del hombre, aún cuando él se había vestido con la misma ropa todo el tiempo.

Al hombre, por su parte, se le juzga más por lo que posee, por su poder adquisitivo, cuyo mandato social es “tener poder”.

¿Por qué?

Se sabe que un hombre mientras tenga plata puede tener pareja.

Lo peor que le puedes decir a una mujer es “fea”, y a un hombre que es “pobre” o “inútil”.

Aun no se tolera muy bien que no genere ingresos y menos que se quede en casa al cuidado de los niños.

De este modo, una mujer atractiva significa ser joven, fértil y que tenga hijos; mientras que un hombre poderoso significa tener mujer (o mujeres), autos, casas y no necesariamente se le pide tener hijos.

Les recuerdo que estos son algunos mandatos patriarcales, y es importante explicitarlos para poder transformarlos.

En base a lo visto hasta aquí, ¿les resulta comprensible que existan relaciones tóxicas?

Claro, señalamos con el dedo al que tiene o la que tiene una relación tóxica, pero si sacamos la lupa… que lance la primera piedra el que esté libre de pecado.

Todos tenemos mente, y la mente juzga…importante darse cuenta de la paja en el propio ojo. Ah! Y eso que no he dicho nada del posmodernismo, donde decir “estoy enamorado” es un crimen. Poliamor, no compromiso, ser libre, tener opciones… Está lleno en internet consejos de pareja que parecen sacados de un manual de batalla…. No le busques, y te perseguirá…si te ignora, es porque te ama…con contacto cero, volverá a ti…

Sentimientos en las relaciones tóxicas

Sentir culpa, confusión, cansancio, vergüenza respecto a tu relación, puede estar indicando cierto grado de toxicidad.

Hay que considerar que estos sentimientos, y otros, también pueden indicar desamor (que no necesariamente se debe a aspectos tóxicos).

Vamos a entender por relación tóxica aquella interacción de pareja “donde al menos uno de ellos sufre y se esfuerza por convencerse a sí mismo de que, a pesar de esto, es posible seguir adelante” (Espinoza, 2019).

Digamos que el punto de quiebre de una relación tóxica es la dinámica de dominación y sumisión, lo cual puede ser predominantemente de uno sobre el otro y/o ir intercambiando estos roles.

En una relación amorosa o saludable, hay una percepción de que “tu pareja se preocupa por ti, desea tu bienestar y felicidad, se cuidan los intereses y las aficiones el uno al otro” (op. cit.). En una palabra, hay respeto.

Actitudes en las relaciones tóxicas

Las actitudes negativas o tóxicas (Espinoza, 2019) pueden ser las que se nombran a continuación, con algunos ejemplos:

Control y celos

Se disgusta por tus decisiones (sobre relaciones con tu familia de origen, amigos, trabajo, gastos personales, entre otros). Te prohíbe tener contacto con alguien.

Invade tu privacidad

Revisa tus pertenencias, escritorio, actividad en redes sociales, conversaciones telefónicas, correo electrónico.

Dispone de tus horarios

Esta situación ocurre aunque tengas planificada otra actividad; reclama por tus salidas a deporte, amigos, aficiones.

Críticas  

Expone públicamente críticas hacia tu persona, incluso devaluaciones como “no sería nadie si mi”.

Retos 

En las relaciones tóxicas puedes ver que tu pareja te reta, te cuestiona y/o te lleva la contra.

Chantajes  

Te chantajea emocionalmente, y se enfurece si no cumples lo que desea.

Faltas de respeto

  1. Ataca tu esencia, intentando hacerte cambiar a como dé lugar.
  2. No valora tus cualidades ni tus logros.
  3. Minimiza tus problemas y preocupaciones.
  4. Ante un conflicto, siempre cedes o de lo contrario, deja de hablarte.
  5. Te recuerda de forma insistente los errores del pasado.
  6. Si sabe que le contaste sobre las peleas a otros, se enoja.
  7. Si intentas tocar ciertos temas con él/ella, se enoja.
  8. Te trata de forma grosera.
  9. Te hace exigencias desmedidas.
  10. Toma decisiones importantes sin considerar tu parecer y a veces hasta sin informarte.

Sexualidad

  1. Te sometes a sus deseos para evitarle un disgusto, en actividades que a ti te molestan o incomodan física o mentalmente (a modo de ejemplo, el libro o película “Las 50 sombras de Grey”).
  2. Compara tu desempeño con el de otras parejas que ha tenido.

Emocionalidad

Invalida tu sentir y/o lo minimiza; a modo de ejemplo: en el caso de la mujer decir que “está hormonal” y en el caso del hombre, no validar que esté cansado y/o confundido.

Dependencia emocional

Se basa básicamente en el miedo a estar solo, y/o el miedo a quedarse solo, evitando a toda costa la ruptura o separación.

Esta dinámica puede llevar a tener una relación intermitente, con idas y vueltas.

¿Cómo salir de estas dinámicas de dominación y sumisión?

Para salir de las relaciones tóxicas hay que dejar de ponerse por sobre o por debajo.

Mirar al otro como un ser con pasado, con una historia personal y familiar, con gustos e intereses, aciertos y fracasos, anhelos, deseos, metas, proyectos… Un ser con pasado, con presente, con futuro.

Lo que define a la pareja es la capacidad de resolver conflictos y dejarse influir el uno al otro. Aceptar las diferencias.

Como plantea Sebastián León (2021), desnudarse emocionalmente, “bajar la guardia, abrirnos a amar y ser amados, a cuidar y ser cuidados, a escuchar y a ser escuchados”.

Escucha al otro

Escuchar al otro… cuesta, porque uno está con todo este entramado de pasado, presente y futuro… De ahí que se aconseja ser amigos antes de iniciar una relación de pareja; no siempre es posible, pero pienso que se refiere a mantener lo amigable en la relación con el otro.

En la medida que dejas la defensividad, el criticismo, la indiferencia y el desprecio fuera de la relación (Tapia, 2001), y buscas conversar, hacer actividades juntos, una intimidad sexual y emocional rica y proyectos en común (3), se mantendrán conectados por lo positivo y lo negativo lo mantendrán a raya.

Directamente relacionado con lo anterior, la adquisición de patrones de relación tiene que ver con cómo fuimos cuidados y calmados en la infancia y niñez (2).

Cómo enfrentamos la separación de nuestra figura principal de apego y cómo nos autorregulamos establece patrones de relación con los otros.

En este aspecto tendríamos mayor o menor habilidad para autorregularnos, y se puede aprender a manejarlo.

Terapia de pareja

Una terapia de pareja puede ser lo adecuado, así como también una psicoterapia individual, ya que hay procesos que es más recomendable vivirlos de forma individual.

Para finalizar, lo expuesto aquí es sólo un ejercicio, por supuesto hay muchos detalles que requieren mayor explicación y profundización.

Sólo espero que cada uno pueda tomar aquello que le hace sentido, y redefinir aquello que no.

El punto básico de este artículo es que lo tóxico es jerarquizar, el “yo estoy por sobre” y el “tú estás por debajo”.

Si nos conectamos con que todos somos Uno, y nos influimos mutuamente, podremos fluir.

Bibliografía

  • Cachafeiro, A. & Rodrigañez, C. (2007). La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente. Murcia: Ediciones Crimentales S. I.
  • Espinoza, A. (2019). ¿Cómo enfrentar las relaciones tóxicas de pareja? Extraído desde www.menteasombrosa.com el 16 de Abril de 2021.
  • Lagarde, M. (2001). Claves feministas para la negociación en el amor. Managua: Punto de encuentro.
  • León, S. Desnudez emocional. Extraído de Facebook el 16 de Abril de 2021.
  • Tapia, L. (2001). Algunas consideraciones para una Terapia de Pareja basada en la evidencia. Revista De Familias y Terapia 9:14 y Jun –Nov 2001.

 

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