BienestarDesarrollo PersonalHabilidadesSalud Mental

La autoaceptación, la mitad del camino

¿Cuántos de nosotros tenemos autoaceptación? ¿Cómo son tus diálogos internos? Seguramente te hablas a ti mismo de la peor manera: “No vas a poder” “Esto es mucho para ti” y así.

Para qué hablar de la autoaceptación física, nos juzgamos por no ser parte de estándares de belleza, lo mismo con la capacidad intelectual o con el estatus económico.

Siempre basándose en expectativas irreales, “ideas de plástico” instauradas para mantenernos en la insatisfacción, que se reflejan en ideas como “tengo que tener un trabajo”, “tengo que tener una pareja estable”, etcétera.

Otro tipo de problemática respecto de la autoaceptación es cuando empezamos a ver aspectos de nosotros mismos que no nos gustan.

Nuestro egoísmo, holgazanería, la dificultad de dejar relaciones que nos hacen mal, la incapacidad por buscar un trabajo mejor, etcétera; donde vemos esto, pero nos culpamos por no poder hacer el cambio.

Te tengo una noticia, la culpa es una trampa y sólo va a perpetuar el error y el estado negativo en el que estás, más adelante te cuento qué hacer con ella.

¿Qué es la autoaceptación?

 Antes de seguir, me detengo en unificar criterios respecto de qué entendemos por autoaceptación.

Albert Ellis, psicólogo que se desempeña en la terapia racional emotiva (TRE) entiende este concepto como: “Autoaceptación quiere decir que la persona se acepta a sí misma plenamente y sin condiciones, tanto si se comporta como si no se comporta inteligente, correcta o competentemente, y tanto si los demás le conceden como si no su aprobación, su respeto y amor”.

¿Te imaginas cómo se debe sentir llegar a la autoaceptación?

Yo me lo imagino como caminar más liviano, si me desarraigo de todas esas ideas que me torturan podré vivir mejor el presente y por lo tanto disfrutar la vida.

La autoaceptación es la mitad del camino de transformación.

Existe una bella paradoja relatada por Carl Jung que comenta que: “Lo que se acepta es lo que se transforma”.

Es decir que cuando acepto mi timidez, mi ira, mi ansiedad se abre la puerta a que pueda cambiar o en realidad aprender a abordar ese aspecto de manera mejor en mi vida.

¿Te cuento un secreto? Yo creo que la gente no cambia… Entonces, qué hago siendo psicóloga se preguntaran.

Y es que yo creo que no cambiamos, pero que a través de un trabajo de autoconocimiento podemos llegar a la autoaceptación – no puedo amar lo que no conozco – y esto a su vez, me permite aceptar mejor la realidad y comenzar a actuar en coherencia con aquello que me aqueja.

Resultado, ordenamos nuestra vida y llega mayor tranquilidad.

Te doy un ejemplo para que lo entendamos mejor. A mi me encanta comer y si me regalan una barra de chocolate soy capaz de comerla toda en menos de 5 minutos.

Es así, es una realidad, me acepto con ello, me abrazo y soy capaz de contárselo en este artículo.

Ahora, ¿Qué hacemos entonces? No compro chocolates y pido a mis cercanos que no me regalen chocolates.

No se trata de definirte como defectuoso/a, se trata de aceptar con lo que vienes que seguramente tiene una historia y una razón de ser.

Esa timidez, esa ira, esa holgazanería están en tu vida por una razón, tienen una historia donde se desarrollaron y también tienen un mensaje para ti.

En realidad, no son tus enemigos, son tus amigos y tenemos que descubrir qué aprendizaje llevan oculto.

Los hechos son neutros, uno es quien califica de bueno o malo las cosas, quizá alguien que se ve como holgazán, para otros o en otros contextos es alguien que puede aportar relajo a una situación.

Tal vez alguien tímido ha desarrollado un mundo interior increíble, quizá alguien ansioso si aprende a canalizar esas sensaciones puede concretar muchas cosas.

¿Cómo desarrollamos nuestra autoaceptación?

Conócete

Ya habíamos hablado antes “No se puede amar, lo que no se conoce”.

Auto obsérvate, revisa tu historia y cómo esta te ha influido igualmente que el contexto en el que creciste y en el que estás.

Indaga en qué es lo qué quieres para tu vida, cuáles son tus motivaciones. A veces podemos hacer este proceso solos y otras veces necesitamos ayuda terapéutica.

El terapeuta acá funciona como un espejo, te muestra el perejil en el diente para que te lo puedas sacar.

Identifica tus potencialidades y puntos a mejorar

Es importante que definamos tus “errores” como puntos a mejorar. Suena distinto ¿no?

Al reconocer estos puntos crea una estrategia para tratar de mejorar ese aspecto de ti, si ves que no puedes tienes que ordenar tu vida entonces, para que sea más adaptativa respecto a esa situación en tu vida.

Supongamos que hay una periodista que es muy tímida y ella trabaja en prensa, sufriendo mucho porque se tiene que exponer a cada rato.

Es algo que ella no puede cambiar, pero sí, redacta muy bien – acá hay una potencialidad – es mejor que busque un trabajo relacionado con la escritura, su vida va a fluir mucho más.

Cuando identificas tus potencialidades, tienes que usarlas como herramientas en la vida. Estás acá en el mundo para dar sólo lo que tú como persona única puedes dar. No pretendas querer ser otra persona.

Liberarte de la culpa

 Ya hablábamos antes que la culpa era una trampa. ¿Por qué? La culpa es un mecanismo que no nos permite cambiar, nos hace sentirnos mal, pero sin la posibilidad de transformación.

Generalmente, no sentimos tan mal, que buscamos evadirnos de esa sensación lo que hace que nos aliviemos y olvidemos el problema en cuestión.

Entonces, ¿Qué hacemos? Primero aceptarte como ser humano imperfecto y desarrollar la humildad, de ahí es que podemos darle espacio a que entre el error o el punto a mejorar en nuestras vidas.

Una vez que hacemos el duelo de que no somos perfectos, se abre la posibilidad a pensar en mejorarlo, ¿Cómo lo podría hacer en una próxima ocasión? ¿Tengo alguna posibilidad de enmendar lo que ya pasó? Ser valiente, pararse y seguir. No será ni tu primer ni último error.

Poner atención en tu diálogo interno

La mente siempre habla, generalmente, en un tono de queja, de miedo o culpa. Esto va generando un estado emocional asociado y ahí es cuando te vas trabando.

¿Le hablarías a tu amiga/o como te hablas a ti mismo? Seguramente la respuesta es no, eso es algo que hay que corregir, ya que tendrías que llegar a ser tu mejor amigo/a, quien te comprende y te abraza, pero que también te alienta a seguir adelante y ponerle acción a lo que te aproblema.

Saber lo que quieres e ir por ello

 Es importante identificar en la vida qué es lo que quieres. No tienes porqué saberlo ahora, pero es bueno tener la intención de descubrirlo.

¿Para qué? Por que si sabes lo que quieres es más factible que vayas cumpliendo con ciertas metas – y no hablo sólo de cosas materiales también puede ser tranquilidad, paz – y en la medida que veas que cumples, vas a ver que te cumples a ti mismo, esto va ir generando una mejor relación contigo, te vas transformando en alguien confiable y comprometido con tu proceso y así te vas liberando de algunas dependencias, ya no esperas que de afuera llenen tus carencias, ya sabes que tu también puedes aportarte paz y tranquilidad. 

Sé que puede ser difícil hacer todos estos cambios, no obstante, estar bien es una decisión.

Podemos ver todas estas propuestas como cambios de hábitos, son actitudes que hay que practicar y “elongar”, en la medida que más lo intentes más va a fluir. Prueba y cuéntanos cómo sigue.

 

 

 

 

 

 

Puede que te interese

Más en:Bienestar